SABÍAS QUE ERAS UN GANADOR EN LA VIDA CUANDO TE TOCABAN ESTOS DULCES EN TU “CALAVERITA”

SABÍAS QUE ERAS UN GANADOR EN LA VIDA CUANDO TE TOCABAN ESTOS DULCES EN TU “CALAVERITA”
noviembre 8, 2016

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Ah… qué tiempos aquellos donde los adultos te daban dulces solo por tocar la puerta de su casa. Y mientras tú alzabas tu calabaza de plástico (o una bolsa del super medio rota, si tu mamá no te había comprado nada mejor), veías como se juntaba un botín de azúcar y sueños hechos realidad.

Pero claro, que hasta en los mejores momentos hay cosas que pueden arruinarlo todo, como los dulces viejos y feos que algunos vecinos daban, porque aparentemente odian la felicidad… o eso creíamos.

Así que cuando era momento de hacer un recuento de lo que recolectamos pidiendo calaverita, o Halloween dependiendo lo norteño que seas, sabías que habías ganado en la vida porque encontraste estos dulces… que no querías compartir con nadie.

Chicles

La pesadilla de nuestros padres, pero era lo mejor que te podían dar. No importaba si eran chicles de bola (que casi de rompían la quijada), de los chiquitos que veían dentro de un juguete de plástico, los que duraban medio segundo con sabor o los rellenos de fresa… todos los chicles rockeaban.

Chocolates

Monedas de chocolate, barras de chocolate, bombones con chocolate, chocolates vaquita, con galleta o con galleta y bombón… los dulces que sabías que duraban, mientras tu mamá nos los encontrara.

Pulparindos

Un típico de los 90. Infalibe, rico, picoso pero que no te dejaba llorando. Lo mejor era abrirlo y ver que todavía tenía el azúcar glas.

Tamborcitos

Un sueño agridulce del que era raro cansarse… hasta que te comías todos de un jalón y te quedaba escaldada la lengua y el paladar. Era común que junto con estos pequeños dulces, los vecinos agregaran otro: las picafresas… o las amabas o las odiabas.

Velitas

Era uno de esos dulces “interactivos”, porque no había forma de comerlas más que mordiendo el plástico y jalando la gelatina. Nunca había suficientes velitas, siempre te quedabas esperando más y como todos los dulces de muchos colores, te convencías de que cada uno sabía diferente, ¿pero en verdad era así?

Paletas

Otro tesoro de la calaverita, porque la variedad que podías recibir era ENORME: de manita, elote, pollito asado, sandía, ricaletas, tutsi, payaso, chupirul, chipileta, de miguelito… y la lista sigue y sigue.

Cazuelitas

Como las velitas, un dulce interactivo que cada niño comía de forma diferente. Quitar el plástico y lamerlo era el primer paso, después podías comerte el tamarindo directo de la cazuela, sacarla con un dedo o si era una muy fancy, usar una pequeña cuchara que lo acompañaba.

Dragonzitos

Aunque lo niegues, masticar el papel era parte del encanto y cómo no, si todos los dulces en polvo eran la onda. Cada sobre tenía un dinosaurio y color diferente, ¿pero del sabor? La verdad es que no recordamos.

Frituritas

Y lo ponemos en diminutivo porque ese era el chiste de estos chicharrones. Sabías que la suerte estaba de tu lado si llegabas a una casa donde estuvieran repartiendo bofitos, cazares, totis o charritos.

Mazapán

Un dulce que todo niño mexicano de los 90 amó en algún momento. Dulce pero sin empalagar, lo difícil era comértelos sin dejar un desastre a tu alrededor… eso si tu mamá no los sacó de tu bolsa con dulces.

“Gringos”

El santo grial de los dulces, una de esas cosas que no esperabas cuando salías a pedir calaverita, pero que cuando te pasaba era algo de lo que hablarías toda tu vida… o eso pensabas de niño. Chocolates, paletas y caramelos que no estabas acostumbrado a comer o que simplemente no conocías, pero si tenemos que ser sinceros… nos quedamos con nuestros tamarindos y gomitas.

Seguro después de ver esta lista te dio hambre… y no eres el único. Creo es momento de armar un aguinaldo en honor a la “calaverita”, ¿no crees?